Teatro Olympia hasta el 12 de octubre.
CRÍTICA DE TEATRO
Para ser una persona a quien no le gustan los musicales, me resulta agradable haber sido sorprendido con esta reedición de Jesucristo Superstar. Creo que la clave radica en que este género suele ser apastelado y tontón, pero en esta vez, sin duda, estamos ante una gran tragedia.
La epopeya de Jesucristo es en esencia un hecho trágico, aunque devenga para la cristiandad en la liberación del primer pecado. La vida de Jesús fue predeterminada por Dios, como los dioses clásicos en otras tragedias, para que llegara a la muerte con sólo treinta y tres años. Una segunda tragedia es la de Judas, de igual forma elegido por la divinidad, para ejecutar una traición que no desea. Pero aún hay más. María Magdalena, enamorada de Jesús, no puede consumar su anhelo por un hombre que, según la tradición, murió célibe.
Visto desde esta perspectiva, el espectáculo creado por la multinacional Stage Entertainment, con presencia en escenarios de todo el mundo, no es ni de lejos una bobería más, sino una historia tan contundente que ha sido capaz de sobrevivir XXI siglos.
El aspecto que destaca sobre todos en la puesta en escena es la iluminación. En un escenario demasiado reducido para este caso, como resulta el del Olympia, la compresión del movimiento en nada afecta al aparato eléctrico. Un diseño de luces no sólo espectacular, sino pensado y creado a propósito para cada clímax de la obra. La luz, pues, se convierte en el elemento expresivo de máxima relevancia. La escenografía es rica pero austera, y la música se interpreta en directo, en parte o en su totalidad.
El enfoque conjuga el carácter religioso con la causa mundana, no mitificada, de la vida y muerte de Cristo. Tal vez lo que en verdad fue: un problema de poder para los gerifaltes judíos, y también para el Imperio Romano, que cohabitaba en Israel con los hebreos.
La dirección trabaja con escenas cortas, en las que se desgranan los hechos a buen ritmo. Las coreografías resultan estereotipadas, al contrario que las interpretaciones. Tierna pero potente la de Gerónimo Rauch, Jesús, enrabiada la de Luis Amando, Judas, y discreta aunque un punto dulzona la de Sandra Criado, María Magdalena. El público aplaudió de pie.
Me siento muy orgullosa de mi prima!! No puedo esperar a verla en Diciembre,estoy deseando ver la obra!!!!
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